Drea

Hoy, quiero hablar de mi trabajo y de lo feliz que me hace.
Soy monitora en un complejo que a primera vista,  es granja escuela y hípica y a segunda vista es muchísimo más.

Llegó allí tras unos meses de ausencia para empezar la temporada ,y nada más atravesar la puerta, ya me siento en casa.
Me da la bienvenida un paisaje verde, lleno de plantas y flores, las pistas de tierra blanca con algún caballo corriendo al galope, la gente de allí, que durante unos meses serán mi gente,y que siempre me reciben con abrazos y sonrisas,  haciéndome sentir en familia. Quien me conoce bien sabe lo importante que es esto para mi.

Entonces me dan el horario del día y empiezan a llegar los niños.
Ay los niños! Esos seres bajitos que me obligan a pasarme el día preocupada para que no se hagan daño, a pasarme el día cantando todo el repertorio que me se y hasta el que no me se y me invento sobre la marcha, a bailar, a perder la poca vergüenza que a estas alturas me queda, a hacer de mami cuando necesitan consuelo, a gruñirles cuando se portan mal, a hacer tropecientas manualidades, a responderles todos los porques aunque la mitad de veces me saque las respuestas de la manga...

Y que me dan tantísimo a cambio por todo ello. Como os explico lo que siento cuando 15 niños con los que me he pasado el día peleando me abrazan en grupo porque no se quieren ir? O cuando una nena me mira y mientras me coje la mano me dice que me quiere? O cuando el sonido de su risa es la respuesta a cualquier tontería tuya? O cuando su absoluta confianza en mi cuando están muertos de miedo por subir al caballo y les prometo que no les pasará nada y solo por mi palabra cojen aire y suben como unos verdaderos Amazonas con unos cascos que abultan más que ellos me calienta el corazón?

Allí soy, la monitora, la seño, la de los tatuajes, soy andea, ande o cualquiera de los variantes de mi nombre que existan,allí soy su salvadora, su mami de repuesto... Allí sobretodo, soy feliz. Y no sabéis lo importante que es eso y las mil veces que ese lugar me ha salvado.

Me siento yo,cantando canciones absurdas, curando pupas con besos cual madre, tirada por el suelo jugando con 15 niños tirados conmigo, rodeada de mis compañeros comentando el día al final de la jornada, me siento yo andando por allí oliendo el verde, saludando a cada caballo y saber qué día tienen con una mirada, compartiendo mi tiempo, soy muy yo  rodeada de los animales de la granja  pasandome el día queriendomelos llevar a casa, bailando, y sobretodo olvidándome de todo lo demás.
Allí me paso el día sonriendo, allí la indiferencia no me alcanza, allí los vacíos desaparecen, el nudo del pecho se deshace, las risas no se tienen que fingir, los abrazos sabes que siempre son de verdad y los te quiero los más sinceros del mundo.

Mi trabajo me alivia el alma, un alma que últimamente anda doliendo de más.
Y eso, es tener la suerte más inmensa del mundo.

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