Drea

Hay personas que en nuestra vida son estrellas fugaces y no hay nada más difícil de hacer,que aprender a soltarlas.

Aparecen cuando más oscuro esta, llenándolo todo  durante un segundo de una luz cegadora, mágica, para un segundo después desaparecer, haciendo que notemos mas la oscuridad, pero agradecidos de habernos encontrado con su luz.

Personas únicas, que aunque apenas son un segundo en nuestras vidas, su recuerdo persiste inmutable año tras año.
Al igual que las estrellas fugaces, estás personas son difíciles de ver, y seguramente en nuestra vida solo encontremos una o dos y hay que aprender, a que un segundo nos tiene que bastar, que las tenemos que soltar esperando que su órbita se vuelva a cruzar con la nuestra. Que su belleza reside en su brevedad.
Nos hacen soñar despiertos, sonreír, sentir que la magia existe, pero hay que tener claro que jamás permanecerán. Porque entonces sufrimos, nos obsesionamos con volver a ver su luz, con que se queden, con que espanten la oscuridad...

Y dejamos de apreciar esas otras estrellas que siempre están, alumbrandonos con una luz más tenue, pero siempre a nuestro lado bailando en la oscuridad, esas personas que permanecen pase lo que pase.

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