Drea

Bailar.
Bailar a menudo y sobretodo con la pareja adecuada.
A ella ,le fascina bailar. Y hace demasiado que no lo hace en condiciones. Por falta de tiempo, compañero e incluso por miedo. Sus días se habían complicado y teñido de gris y en ellos no había sitio para en baile.

Esa sensación de libertad, de sentirse viva, es única. Y para hacerlo bien tienes que saber elegir con quién. Tiene que ser alguien con quien conectes, con quién puedas preveer sus movimientos, con quién cada roce sea una pequeña descarga y no una incomodidad, acompasarse, sentirse, seguirse, compenetrarse.... y a veces todo eso sucede mágicamente en el trascurso de una mirada.

La magia de bailar. Y de hacerlo bien.
De comunicarse bailando. De soltarse en cada paso. De sentirse viva en cada figura que sale bien ,encontrarse con miradas mientras vuelas, porque aunque no despegas los pies del suelo, a veces te sientes volar.

La novedad de conocerse sin hablar, sólo siguiendo la música, sólo observando los movimientos, sólo sintiendo los latidos del otro, eso de que desaparezca el mundo hasta que suenen los últimos acordes de una canción.

Y luego están los bailes sin música, esos en los que la música te suena dentro, que desboca el corazon, en los que a los dos os tiene que sonar la misma música dentro.

Y en días tristes como aquel, acudían a su mente aquellos bailes con el ,en los que se convertían en uno, sonando juntos, haciendo correr la sangre desbocada en las venas con cada roce, acorde, mirada... sintiéndose muy vivos.

Ella, echa de menos bailar. Echa de menos sentirse viva. Echa de menos quemarse al ritmo de la música. Lo echa de menos a él.

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