Drea

Esa sensación tan fea cuando se te pasa el entusiasmo, la ilusión del principio y sólo queda la realidad.

Una realidad que esperabas con más color y calor. Una realidad mucho más azucarada de como es en verdad.
Y entonces llega la tan temida decepción y borra cualquier rastro de entusiasmo que pudiera quedar y te deja rezando a cualquier dios que en ese momento se te ocurra para que el golpe no duela en exceso.

Y entonces el "lo deberías haber visto venir" empieza a retumbarte en la cabeza más intensamente con cada aguijonazo de tristeza que te da. El "eso me pasa por tonta" que ya es parte de la familia de tantas veces como te lo has tenido que decir, "no aprendes" "tener sentimientos sólo sirve para que te los pisen" "no confíes en nadie"... Un aluvión de reproches medio verdades retumbando, exigiendo ser oídos, que te dan un tremendo dolor de cabeza y unas ganas enormes de meterte en tu fortaleza para no salir jamás.

Y suspiras. Y sigues con tu rutina porque poco más puedes hacer. Apuntas una nueva entrada en tu libro de decepciones, levantas la cabeza, te tragas la tristeza y como buena guerrera que eres sigues adelante con una capa más en tu remendada coraza. Esa que de tantas capas ya te empieza a pesar.

Y sonríes. A desgana. Pero lo haces. Porque a estas alturas y con tantas batallas a tus espaldas es de las pocas cosas que no te han podido quitar.

Que bonita y puta es la decepción. Bonita porque te ayuda a darte cuenta de muchas cosas y aprender otras tantas, y puta porque duele como una cuchillada trapera, como un estrujarte el corazón, como un ver todo lo que sueñas saltar en pedazos.
Y suele doler más de lo que enseña. Pero así es todo, nada de intercambio equivalente,nada de pagas por lo que recibes, no, la vida no va así.

En esta vida por cada cosa buena que recibes, la pagas como si de media docena se hubiera tratado y la mayoría de veces, no compensa.

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Drea

"A veces la incapacidad de expresar lo que siento me frustra.
Porque me siento como un bloque de hielo con una hoguera en su interior luchando, batallando por salir.

Odio sentirme muy feliz de ver a alguien porque lo he echado mucho de menos y no ser capaz de demostrárselo, de hacérselo ver.
Sentirme completamente idiota cuando expresó lo mucho que quiero a alguien, tanto, que decido no hacerlo porque por alguna razón desconocida es así como me protejo de vete tu a saber el que.

Que en ocasiones, esta incapacidad, es útil. Porque me evita que me hagan daño, me evita decepciones  pero al mismo tiempo, me mata la alegría de sentir, de expresar y la de sentirme correspondida cuando se de el caso.
Y la cosa no es que no sienta, no, es que siento demasiado pero no lo dejó salir.

Y si a veces yo necesitó que las personas a mi alrededor, a las que quiero, me demuestren su afectó, ellos también necesitan, merecen, que yo les muestre el mío sin esconderlo, sin sentirme idiota.

Tengo que dejar de asociar sacar lo que me arde dentro con un " me va a hacer daño" el demostrar afectó, amor, amistad con una debilidad.

Quiero abrazar con ganas, sin sentirme tonta porque ese simple gesto me haga feliz. Quiero que mi gente sea capaz de oírme decirles que les quiero, que sientan mi afectó cuando lo necesiten.

Porque lo que no se saca, se muere dentro."

Sentir no es malo. Expresar no es malo. Lo único malo es lo que los demas pueden hacer con todo ese afectó que les regalas, pero eso, no depende de ti

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