Drea

Llevo unos días turbulentos debido al despertar de todos mis montruos a la vez, esos que me impiden descansar. Y que me meten en una guerra de la que nunca se si voy a salir entera.  Aquí os los presentó. Tienen pensado seguir despiertos unos cuantos días más.

La soledad, mi monstruo mas querido,el que nunca duerme, el que siempre me acompaňa y con el que he aprendido a vivir. Ese que en estos últimos tiempos ha engordado haciendo imposible seguir sin notar su  agobiante presencia.

Mi memoria, mi monstruo más detestado, tengo diez aňos de infierno con todo lujo de detalles inundandome cada vez que se despierta. Oprimiendome el corazón con ls huella de cada pérdida, con cada arrepentimiento con cada error.

Mi orgullo, mi monstruo más guerrero, el que se despierta creando auténticas guerras, al más mínimo roce, rugiendo, clamando venganza por cada batalla que ha perdido.

El amor, mi gran y definitivo monstruo. El que se despierta poco pero cuando lo hace lo hace arrasandolo todo a su paso, dejándome en ruinas por su mal elegir. Porque no entiende ni de consecuencias ni de tiempos ni de medirse, mi monstruo cuando quiere quiere con todo y hasta el final, ya sean amigos, pareja o familia. Junto a él siempre ando de puntillas en completo silencio porque a pesar de todo aún no he aprendido a controlarlo, apaciguarlo.

Mis miedos, esos pequeňos monstruos que cuando se despiertan de uno en uno no dan problemas, pero que pobre de mi como lo hagan todos a la vez. Una vez despiertos es una gran tarea volverlos a dormir.

Mi tristeza, mi pobre tristeza, tan sobrada de motivos y cargada de razones. Ese monstruo que aparece sutilmente, sin avisar y al que ya no le queda espacio por sus grandes dimensiones.

Y tu,mi monstruo por excelencia, frente al que todos los demás se arrodillan sumisos, Mi creador de infiernos y cielos, de mi sonrisa escondida, de mi querer más intenso de mis abismos y salvaciones. De mis nortes. Al que no es suficiente con dormirlo, el que me veo obligada a enterrar en el rincón más oscuro y profundo de mi ser. El que cada vez que aparece me regala una nueva herida.

Y aquí estoy yo conviviendo con ellos luchando por dormirlos perdiendo batallas, queriendo refuerzos, cansada de puro agotamiento y preguntándome si llegará el día que puedan conmigo para poder dejar de luchar y descansar.

Y con la gran estupidez del día de hoy me despido, esperando que maňana aparezcan los refuerzos que no han aparecido hoy.


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